El daño cerebral puede dejar secuelas (neuro) psicológicas que a menudo no se ven: dificultades atencionales y de memoria, funciones ejecutivas (planificación, control inhibitorio, flexibilidad), fatiga cognitiva, cambios de personalidad, alteraciones emocionales (ansiedad, depresión, irritabilidad), problemas de comunicación social/pragmática, autoconciencia limitada de los déficits y estrés del cuidador. Estas realidades requieren evaluación especializada, rehabilitación cognitiva y apoyo psicológico continuado, para las personas y sus familias, con el objetivo de recuperar autonomía, participación y proyecto de vida. Reafirmamos nuestro compromiso con una atención rigurosa, humana y centrada en la persona, como profesionales de la psicología.